
El cambio climático impacta significativamente las necesidades energéticas globales al aumentar la demanda de refrigeración en regiones más cálidas y alterar la fiabilidad de los sistemas de suministro de energía.
También crea una mayor volatilidad en los patrones de consumo de energía.
Temperaturas récord impulsan un aumento crítico en la demanda de energía. Científicos confirmaron que agosto fue el mes más caluroso de la Tierra desde que se tienen registros, intensificando la necesidad global de aire acondicionado y refrigeración. Esto ejerce una presión considerable sobre las redes energéticas existentes y requiere una mayor capacidad de generación.
Los fenómenos meteorológicos extremos, una consecuencia directa del cambio climático, amenazan cada vez más la estabilidad de la infraestructura energética. La actual "Semana de Acción Climática de Bakú 2026 sobre la Transición Energética Acelerada" refleja el reconocimiento global de que la adaptación y los cambios acelerados hacia fuentes de energía resilientes y sostenibles son primordiales. Los peligros climáticos también perturban las funciones sociales, como se vio cuando las escuelas fueron afectadas para 1 de cada 10 estudiantes en 2025.