
La guerra comercial entre EE. UU. y China no muestra señales de terminar en 2026.
En cambio, la competencia estratégica y los esfuerzos de desacoplamiento económico persisten, haciendo improbable una resolución integral.
El principal motor de la fricción actual sigue siendo los aranceles y la política comercial, evidenciado por Aranceles y Comercio como la conexión principal por volumen de señales con 61 señales rastreadas. Ambas naciones continúan implementando medidas específicas. La puntuación de influencia general para esta dinámica es 32/100, lo que refleja una tensión persistente y moderada.
La estabilidad del comercio mundial sigue siendo una preocupación en medio de cambios geopolíticos más amplios. GeoGazet, en sus notas de seguimiento, destaca que "las naciones BRICS instan a un flujo fluido del comercio mundial, las cadenas de suministro y la energía," subrayando los esfuerzos multilaterales para contrarrestar las interrupciones. La resiliencia de la cadena de suministro y la seguridad nacional continúan impulsando la política, lo que dificulta un regreso a la integración económica anterior a la guerra comercial.