
El cambio climático impacta directamente la seguridad energética al aumentar la vulnerabilidad de la infraestructura energética y perturbar las cadenas de suministro.
También altera la política energética global y la disponibilidad de recursos, creando nuevos desafíos geopolíticos.
Eventos climáticos extremos, intensificados por el cambio climático, amenazan directamente la infraestructura energética. Por ejemplo, después de inundaciones mortales, Nepal está exigiendo justicia climática y compensación, ilustrando cómo los eventos climáticos dañan las redes eléctricas, los ductos de combustible y las instalaciones de generación, lo que lleva a interrupciones en el suministro. Esto compromete directamente la fiabilidad energética para las poblaciones afectadas.
El cambio climático altera la disponibilidad de recursos cruciales para la producción de energía, como el agua para la energía hidroeléctrica o la biomasa para la bioenergía. Los objetivos de la política climática global, como establecer nuevas metas para limitar el sobrepaso de la temperatura, influyen en la inversión energética y en la elección de combustibles, remodelando los mercados energéticos y las estrategias energéticas nacionales. Esto crea nuevas dependencias y cambios en la geopolítica energética.